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Cine Español – Años´40, ´50, ´60, ´70

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El inicio de la década de los cuarenta abre en España un periodo de incierta expectación. La guerra civil ha concluido, y todos se aprestan a vivir una nueva época, que no deja pasar por alto cuanto se refiere a la industria cinematográfica. La nueva administración se hace con el control del sector, y le aplica sus rígidas medidas de protección, tanto ideológicas como económicas.

El cine español de los cuarenta se siente aprisionado en un estrecho camino del cual difícilmente logra salir. Contadas excepciones permiten concebir esperanzas de que sea posible lograr estimables trabajos. Algunas producciones pertenecientes al género de la comedia o algunos títulos de Edgar Neville, José Luis Sáez de Heredia, Antonio Román, Juan de Orduña, Rafael Gil, Luis Lucia o Carlos Serrano de Osma sirven a tan reducidas aspiraciones.

Aunque se trate de un exiliado, Luis Buñuel no fue ajeno a la evolución de la dictadura, regreso a España a rodar en los sesenta cuando el régimen cambio a un sistema más aperturista.

Al finalizar la segunda guerra mundial Buñuel dejo Estados Unidos y se traslado a México donde conoció a Oscar Dancigers, introduciéndose en la industria mexicana muy poderosa en lo económico y repleta de de maravillosos cineastas y excelentes intérpretes.

Aunque Gran Casino (1947), con Libertad Lamarque y Jorge Negrete, resulto un fracaso, su siguiente entrega El gran calavera (1949) fue más elaborada, con Fernando Soler como eje principal del ocaso y renacer de una familia. Tras estas experiencias Buñuel avanzo hacia el realismo social de Los olvidados (1950) donde retrata la desesperanza de unos personajes que viven en la calle y se ahogan en la miseria más brutal. Logro el premio en el Festival de Cannes a la Mejor Dirección. Ese mismo año dirigió Susana (1950).

El primer paso que dio la industria del cine español en los cuarenta fue recuperar todos aquellos proyectos inacabados y, al mismo tiempo, reestrenar los éxitos que dominaron la pantalla antes de la contienda. Así junto a la reposición de sonados títulos del cine republicano como Morena Clara o La Verbena de la Paloma, se exhibieron nuevas películas de Francisco Elías y Eduardo García Maroto.

A partir de 1941 el gobierno tomo una serie de medidas para controlar las producciones nacionales y la industria del cine español: el doblaje, impuestos, cuota de pantalla y licencias de importación. En 1942 se regulo la creación de Noticiarios y Documentales Cinematográficos, NO-DO. Cinco años después surgió el Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas (I.I.E.C.), donde impartieron docencia algunos de los directores más representativos de la década y del que salieron las primeras promociones de jóvenes que intentaron dar un giro a la creatividad cinematográfica en los años cincuenta.

La primera edad dorada

Cuando se habla de la colaboración cinematográfica entre España e Hispanoamérica, uno de los nombres que más se suele nombrar es el de Cesáreo González, desde Polizón a bordo (1941) de Florián Rey, hasta La boutique (1967) de Luis García Berlanga, la actividad de este productor vigués fue tan intensa que su filmografía supera las 140 películas. Conviene matizar que fue un productor comercial pues busco el éxito por encima de todo. Así diseño una estrategia enormemente eficaz, contrato a los directores más representativos de cada época, produciendo numerosos filmes de Rafael Gil y Ramón Torrado, y también conto con cineastas de la talla de Florián Rey, Eusebio Fernández Ardavín, Luis García Berlanga y Juan Antonio Bardem entre otros. Contrato también a intérpretes españoles tan conocidos como Amparo Rivelles, Rafael Duran, Jorge Mistral y Alfredo Mayo, como a celebres personajes iberoamericanos como María Félix. Tuvo un gran interés en la comedia folklórica, iluminado por artistas de la talla de Lola Flores, Paquita Rico Ana Esmeralda y Carmen Sevilla. Uniéndose también a la cinematografía de este productor las dos estrellas infantiles más recordadas del cine español, Joselito y Marisol.

Sus películas representativas del mercado común iberoamericano fueron El famoso Carbelleira (1940) de Fernando Mignoni, Mar abierto (1946) de Ramón Torrado, entre otras.

Fue el único productor español que logro abrir para el cine hispanohablante el mercado internacional.

En la producción de los años cuarenta dominaron las películas de trasfondo histórico-político, con propuestas en las que se trataban la historia reciente, El frente de Moscú (1940) y los ideales del bando nacional, El crucero Baleares (1940), Sin novedad en el Alcázar (1940).

Sin novedad en el Alcázar

En los guiones proliferan hechos históricos de todo tipo con el fin de resaltar el valor, el espíritu religioso y el imperio hispánico, Correo de Indias (1942), Inés de Castro (1944).

Se produjeron distintos subgéneros: el cine de “levita”, con trasfondo literario, Marinéala (1941), Fuenteovejuna (1946), abundantes zarzuelas y españoladas que resaltaban el más puro tipismo regional un cine cosmopolita del que participan todos los directores, y por último, la comedia, que en todas sus variantes fue la línea más explotada durante la década.

Destaca el trabajo del realizador Ignacio F. Iquino, El hombre de los muñecos (1943), Una sombra en la ventana (1944), junto con cineastas sobresalientes como Antonio Román, Escuadrilla (1941), Boda en el Infierno (1942), La casa de la lluvia (1943), Rafael Gil, El hombre que se quiso matar (1942), Huella de luz (1942), La calle sin sol (1948), Edgar Neville, La torre de los siete jorobados (1944), La vida en un hilo (1945), Juan de Orduña, Ella, él y sus millones (1944), Luis Lucia, El 13-13 (1943), Jerónimo Mihura y Carlos Serrano de Osma.

La calle sin sol

Muchos nombres para una cinematografía excelente, que deseaba ir más allá del tópico, asentada sobre unos principios de calidad muy notables, no solo en el pulso de la narración, sino también en la calidad de la fotografía y en los decorados, parcelas en la que los técnicos españoles han sabido crear escuela y ofrecer resultados de muy elevado nivel.

Surgieron grandes mitos, como Amparo Rivelles, “la cara más bonita del cine español” a la que se necesitaba para que la historia pudiera funcionar, dominaba la escena como nadie y pronto demostró que además de una cara bonita también era una actriz, que el tiempo situó a nivel de las más grandes. Sin Alfredo Mayo tampoco podría entenderse el cine de los cuarenta, puesto que sintetizó todo tipo de ideales y de sueños, lo que le confirió una relevancia mitológica que alimento muchos sentimientos.

Mención aparte merece José Isbert, genuino representante de todo un grupo de actores, los llamados secundarios, sin los el mejor cine español carecería de su fuerza.

Directores de Fotografía.

Jose F. Aguayo, Castañuela (1945), La Lola se va a los puertos (1947), Locura de Amor (1948); Alfredo Fraile, La calle sin sol (1948),  La fe (1947), ¡A mí la legión! (1942), Vidas cruzadas (1942), Huella de luz (1943); Willy Goldberger, Ella él y sus millones (1944), La vida empieza a media noche (1944), Cristina Guzmán (1943), Malvaloca (1942).

La década de los cincuenta es, sin duda, la década de Bienvenido Mr. Marshall, ya que, ninguna película simboliza lo que este periodo quiso ser y no pudo.

En esta década se dan las Conversaciones de Salamanca (Mayo 1955), un encuentro de todos los profesionales de la industria, organismos del Estado, critica e intelectuales del momento, con el fin de converger los distintos análisis en una propuesta que permitiera abrir nuevos horizontes, creativos e industriales.

Son los años de Bardem y Berlanga, pero también los años de Ladislao Vadja y de Juan de Orduña, y de Sara Montiel y de Joselito.

Cabe destacar Esa pareja feliz (1951) dirigida conjuntamente por Berlanga y Bardem, años más tarde filmaron Los jueves milagro (1957) y Muerte de un ciclista (1953), respectivamente.

Bienvenido Mr. Marshall

Marcelino pan y vino

En los años previos a dicho encuentro se produjeron películas de gran contenido temático y narrativo como Brigada criminal (1950) de Ignacio Iquino, Cielo negro (1951) de Manuel Mur Oti, cine policiaco y dramas pasionales que compartieron pantalla con el realismo de El último caballo (1950) de Edgar Neville o Surcos (1951) de Juan Antonio Nieves.

Estas aportaciones tuvieron que encontrar un hueco con el cine español de tono religioso como, La señora Fátima (1951) de Rafael Gil o Marcelino pan y vino (1954) de Ladislao Vadja, y películas folklóricas apoyadas en las figuras de Antonio Molina, El pescador de coplas (1953); Lola Flores, La faraona (1955); Carmen Sevilla, La hermana San Suplicio (1952). Además de Joselito, El pequeño ruiseñor (1956) y Sara Montiel que se incorporo al cine español con El último cuplé (1957) dirigido por Juan de Orduña.

El pequeño ruiseñor

Con la posguerra finalizando, la productora Cifesa intentó mantener viva la llama del cine patriótico, Agustina de Aragón (1950), La leona de Castilla (1951) o Alba de América (1951).

Géneros como el melodrama y el policiaco tuvieron su exponente en Brigada Criminal (1950), Cielo negro (1951), La laguna negra (1952) y Condenados (1953).

Brigada criminal

Destaca un cine costumbrista real y enriquecedor, con La honradez de la cerradura (1950) de Luis Escobar, El ultimo caballo (1950) de Neville, Día tras día (1951) de Antonio del Amo y especialmente, Surcos (1951) de José Antonio Nieves Conde.

El entretenimiento sin más pretensión, se fomentó por medio de la comedia rosa, con argumentos desenfadados y frívolos, Viaje de novios (1956), Las muchachas de azul (1957) y Solo para hombres (1960), esta última con Analía Gadé y Fernando Fernán-Gómez en los papeles protagonistas.

La comedia sentimental también se ganaba el corazón de la audiencia, Recluta con un niño (1955) de Pedro L. Ramírez, protagonizada por José Luis Ozores.

Directores de fotografía.

Los directores de fotografía más destacados en esta época seria José Aguayo con El último cuplé (1957); Manuel Berenguer, Bienvenido Mr. Marshall (1952); Alfredo Fraile, Alba de America (1951), La leona de Castilla (1951), Muerte de un ciclista (1955), Pablo Ripoll, Brigada criminal (1950); Sebastián Perera, Surcos (1951) entre otros.

Los años sesenta resultaron una etapa renovadora para el cine español.

Saura va a ser el realizador más activo con carácter internacional. No obstante, desde finales de esta década y principios de la siguiente, el cine español se convierte en el triste heredero de una situación de fiasco económico provocada por una política proteccionista carente de una mínima coherencia en su aplicación.

En el campo industrial, Samuel Bronston, un productor de origen estadounidense quiso rodar en España superproducciones al estilo del Hollywood clásico. Consiguió rodar rey de Reyes (1960) de Nicholas Ray, dejando claros los ingredientes de este tipo de producciones: grandes estrellas norteamericanas, directores de prestigio, descomunales decorados y una amplia presencia de técnicos e intérpretes españoles. Otras producciones fueron El Cid (1961) de Anthony Mann protagonizada por Charlton Heston y Sofía Loren, 55 días en Pekin (1963) rodada en Las Matas por Nicholas Ray que tuvo que abandonar el rodaje y fue sustituido por Guy Green y Andrew Martin con Heston, Ava Gardner y David Niven.

55 dias en Pekin  1

Con La caída del Imperio Romano (1964) el Imperio Broston comenzó su declive, finalizando con El fabuloso mundo del circo (1964) de Henry Hathaway, con John Wayne, Rita Hayworth y Claudia Cardinale.

Lawrence de Arabia  1

Numerosos profesionales españoles alcanzaron su madurez en los equipos de Broston. Se filmo en España también superproducciones como Doctor Zhivago (1957), Espartaco (1960), Lawrence de Arabia (1961) y Cleopatra (1963).

La calidad de nuestros equipos técnicos y la pujanza de esa industria, permitió que, durante años, fuese constante la producción destinada al mercado internacional.

Sergio Leone se aprovecho de esto e inventó en España el subgénero spagueti-western, es decir, westerns rodados por equipos italoespañoles en Almeria, inauguraron esta corriente Por un puñado de dólares (1964), La muerte tenía un precio (1965) y El bueno, el feo y el malo (1966) protagonizadas por Clint Eastwood y Lee van Cleef.

Desde la Dirección General de Cinematografía, José María García Escudero hizo aumentar la producción de cine en España, su intención era favorecer el nivel del cine español y la entrada de gente joven en la industria.

Carlos Saura se convirtió en el máximo exponente de un cine de calidad, consiguiendo un frente importante en la comercialización exterior del cine español, gracias también a Elías Querejeta, su productor. Los golfos (1959), La caza (1965).

En paralelo a la Escuela Madrileña, surgió otro grupo experimental e  innovador, denominada la escuela de Barcelona, donde predominaba la tradición formal, la influencia lingüística publicitaria y la preocupación por la estructura visual, Fata Morgana (1966) de Vicente Aranda, Noche de vino tinto (1966) de José María Nunues o Dante no es únicamente severo (1967) de Jacinto Esteva y Joaquin Jordá.

A pesar del exilio Luis Buñuel regresa a la España franquista y rueda Viridiana (1961) y Tristana (1969).

La presentación de Viridiana en el Festival de Cannes y la obtención de la Palma de Oro, provoco uno de los escándalos internacionales más recordados de la Historia del Cine.

Pese a que Buñuel representa lo español en el exilio, no debe pensarse que el cine rodado en la España de los sesenta fue desdeñado por el mercado internacional, el cine español mereció bastantes éxitos de crítica y de público. Francisco Rovira-Veleta, El amor brujo (1967); Fernando Fernán Gómez, El mundo sigue (1963) o Luis García Berlanga, El verdugo (1963); y Antonio Isasi- Isasmendi, Las Vegas 500 millones (1968) entre muchos otros continuaron ofreciendo buenos títulos a una industria que pasaba por uno de sus mejores momentos.

Viridiana

La comedia continuaba siendo un valor seguro en la taquilla, La gran familia (1962), La familia y uno mas (1965), Operación secretaria (1968), Las que tienen que servir (1967) y Pecados conyugales (1966), en las que estaban presentes Jose Luis Lopez Vazquez y Gracita Morales junto con Alfredo Landa, Alberto Closas, Analía Gadé, Amparo Soler, Concha Velasco, Tony Leblanc, Rafaela Aparicio, Julia Gutiérrez Caba, Mannuel Alexandre, Laly Soldevilla, Laura Valenzuela.

El cine con niño siguió la estela de las películas protagonizadas por Joselito, esta vez con Marisol, Un rayo de luz (1960), Ha llegado un ángel (1961), Tómbola (1962) seguida más tarde por Pili y Mili y Roció Dúrcal.

Tómbola

La residencia (1969) de Narciso Fernández Serrador fue una impecable muestra de cine de género y demuestra el buen hacer del cine español en campos como el misterio y el terror.

Directores de fotografía.

Destaca José Luis Cuadrado, La caza (1965); Aurelio Gutiérrez-Larraya Planas, Fata Morgana (1966), Viva los novios (1969); Manuel Berenguer y Godofredo Pacheco en La residencia (1969); José Aguayo, Viridiana (1961), Tristana (1969).

La década de los setenta presentaba ya los síntomas de una industria que comenzaba a enfermar y se veía amenazada por una profunda crisis. La situación industrial en España se halla profundamente agravada, debido al fiasco económico heredado de finales de los años sesenta, obligando a potenciar un cine eminentemente comercial que atraiga la atención de los espectadores. Aun así se consiguieron productos de calidad artística superior, como Pascual Duarte y El espíritu de la colmena.

El prestigio de la industria nacional también llega a través de los directores de fotografía que abren fronteras, como Néstor Almendros.

La producción se centro en una corriente muy comercial. Aun quedaba espacio para los Westerns, las películas de aventuras y las cintas de terror, muy competitivas rodadas por profesionales como Paul Naschy.

Alcanzo el éxito la comedia sexy, conocida como landismo en alusión a Alfredo Landa. El subgénero, arraigado previamente en Italia, tuvo su punto de partida con No desearas al vecino del quinto (1970) de Ramón Fernández. El llamado destape tuvo su inicio aquí.

http://www.dalealplay.com/informaciondecontenido.php?con=82765

Surgieron películas que alternaron comedia con el reflejo realista de la sociedad. Impulsados por el productor Jose Luis Dibildos, Españolas en parís (1968) y las dirigidas por Roberto Bodegas, Antonio Drove, Pedro Masó y José Luis Garci, la famosa tercera vía.

Españolas en Paris

Una propuesta de calidad fue mantenida por Elías Querejeta como productor, que continuaba trabajando con Saura Ana y los lobos (1972), Cría cuervos (1975) y que dio entrada a nuevos directores como Víctor Erice, El espíritu de la colmena (1973).

        El espíritu de la colmena

En las postrimerías del franquismo y los primeros momentos de la transición democrática, mantuvieron su nivel en la industria intérpretes que venían del cine de los sesenta, como Alfredo Landa, José Luis López Vázquez, José Sacristán, Agustín González y Concha Velasco. En paralelo otros más jóvenes comenzaban a despuntar, como Carmen Maura, Ángela Molina, Xavier Elorriaga y Ana Belén.

La decente

Directores de fotografía.

Federico Gutiérrez-Larraya Planas, Don erre que erre (1970), La decente (1971); José Luis Cuadrado, Ana y los lobos (1972), El espíritu de la colmena (1973); Teo Escamilla, Cría cuervos (1975); Néstor Almendros, Days of Heaven (1978).

Bibliografia:

http://recursos.cnice.mec.es/media/cine/bloque3/index.html

http://www.cineyletras.es/

Textos de Emilio C. García Fernández publicados en el Diario de Ávila, en la revista Todo Pantallas, en la Enciclopedia Universal Multimedia (Micronet) y en los libros Historia ilustrada del cine español (Planeta 1985), Cine español: una propuesta didáctica (Royal Books 1993) e Historia Universal del Cine (Planeta 1982)

http://www.dalealplay.com/

Trabajo realizado por Roberto Padilla